eco8.jpg_88717827En esta presentación contemplaremos solo tres aspectos que, no obstante,  marcaron la vida de los pobladores que habitaron  las Colonias agrícolas en los primeros tiempos, es decir desde mediados del siglo XIX, hasta algunas décadas  del período siguiente. Y se refieren  a aquellos hombres y mujeres que venían de lejanas tierras con la esperanza de hallar un sitio promisorio, donde pudiesen  lograr una situación económica digna con el trabajo fecundo, además de formar su propia familia  y proyectarse en el tiempo a través de los hijos. Este acontecimiento también significó  un verdadero desarraigo, pues desde el arribo pertenecerían y para siempre a una nueva patria, aunque casi nadie renunció a su nacionalidad de origen, por lo tanto figuraban como inmigrantes “indocumentados”.

En primer lugar vaya un solemne reconocimiento a esos curas que, con indudable esfuerzo y acendrada vocación de servicio,  recorrían las incipientes Colonias del este de la provincia de Córdoba, especialmente en tiempos anteriores al año 1892, con la misión de relevar nacimientos, casamientos y defunciones; además de proporcionar bautismos, aliento y consuelo espiritual, cuando los sucesos de la vida así lo demandaron. Sin embargo, la situación cambió básicamente desde la creación, con fecha 10 de agosto de 1892, de la Parroquia de San Francisco y posteriormente las capillas vecinas, las cuales en conjunto brindaban sus recintos para los actos antes mencionados. En consecuencia, ya no resultó necesario que los curas se desplazaran por los campos de la feligresía o curato, asignando de esta manera bastante alivio a la tarea evangelizadora y registral.

El segundo aspecto, se refiere a la “libreta” en los almacenes. Este sistema resultó muy práctico, dado que facilitaba la operatoria comercial en las distintas Colonias, allí donde se  negociaban, por ejemplo, alimentos, bebidas, además de objetos personales, tales como alpargatas, indumentaria rústica y algunos elementos para el hogar, incluso enseres de labranza y carbón de piedra, utilizado en tareas de herrería. Y muchos años después se incorporaron los combustibles líquidos, nafta, agricol y kerosene. El procedimiento esencial consistía en implementar dos libretas, una para el almacenero y destinada para un solo titular, la otra, correspondía al cliente poseerla. Entonces, cuando éste realizaba sus compras, debía concurrir con su propia libreta, en donde el comerciante luego anotaba cada artículo comprado, su precio y la fecha correspondiente. Más tarde y una vez levantada la cosecha,  siempre en el mes de noviembre, se procedía de inmediato a la venta y con el dinero disponible, uno de los procedimientos inmediatos del chacarero era, ir al almacén y pagar la deuda acumulada durante ese año. Este particular modo operativo, tan práctico como necesario, se prolongó hasta los albores del año 1950, luego, la inflación y otras razones económicas modernas aniquilaron definitivamente este tradicional procedimiento.

En tercer lugar, deseo brindar al lector un instante de humor ingenuo, a través de la manera con que se expresó la mayoría de los curas al confeccionar las actas de bautismo y nacimiento, cuyos archivos se encuentran en una base de datos en EE. UU. de Norteamérica.

-Margarita Garesio. “(…) nasida en la Col. Torraspi el 29 de Abril de 1895 (…)”

-Madalena Pianetti. “(…) nasida en la col. Cusefina el 19 de Abril de 1895 (…)”

-Ana Rosa Depiante. “(…) nasida en la Col. Lusarda el 30 de Octubre de 1895 (…)”

Cuando en realidad se referían a las Colonias de: Iturraspe, Josefina y Luxardo.

Es evidente que a aquellos curas, les costó bastante escribir y pronunciar medianamente bien el idioma castellano, tal como sucedió con nuestros abuelos y, por qué no, incluso con nuestros padres, si ellos nacieron antes de 1930, aproximadamente. Luego, de manera paulatina y sostenida, la acción extendida de la escuela fue ganado resultados y, en consecuencia, aquel singular estilo gringo permaneció solo para las anécdotas jocosas o en los cuentos referidos a otros tiempos, donde seguro que una pizca de nostalgia convida al recuerdo.