Durante muchísimos años practiqué la cacería, y ahora estoy medio retirado de la actividad cinegética, merced a la acción de los agroquímicos, desmontes y otros vapuleos al ecosistema. Recuerdo, allá en el monte santiagueño, cuando el propósito eran las vizcachas y la noche el momento adecuado; antes de iniciar la ronda, solía preguntar al lugareño más viejo: ¿Don Esculapio, esta noche se levantará viento? Y él oteaba la distancia, como oliendo el aire y pronto respondía: “Mire don Carlos, cerca de la medianoche habrá un poco de viento”.  Y  jamás se equivocaba.

 La naturaleza tiene cosas sorprendentes, que interpretadas adecuadamente ayudan a sobrevivir o, por lo menos, a mejorar la calidad de vida en los avatares de la existencia misma de todos los seres que habitan el planeta tierra, en el más amplio espectro. Por ejemplo, la vizcacha, que es de hábitos nocturnos, no sale de su cueva cuando sopla viento de cierta intensidad, porque de no tener en cuenta este detalle, no podría escuchar oportunamente a su eventual enemigo. (más…)